Genera cambios en tu entorno convirtiéndote en un iniciador

 ¿Qué nuevas cosas has iniciado últimamente?  ¿Esperas por alguien para poder comenzar algo?



El mercado laboral está lleno de personas inteligentes y con altos grados de escolaridad. Las empresas cuentan con expertos en reclutar, en supervisar, en contabilizar o incluso en resolver problemas. Y entre tanto profesional intelectualmente competente hay que buscar la manera de sobresalir.

Lo ideal es reforzar nuestras destrezas sociales y emocionales.  Esas cualidades humanas que hacen la diferencia.  Tales como: creatividad, amabilidad, asertividad, proactividad, entre muchas otras.

En mi esfuerzo por entenderme cada día y por descubrir mis fortalezas, leo el libro ¡Hazlo! de Seth Godin (2012).  El autor nos propone que tomemos como filosofía de vida la costumbre de comenzar algo.  Y explica cómo podemos convertirnos en iniciadores.  Un iniciador, Godin lo describe, como una persona que se dedica a comenzar cosas nuevas constantemente para generar cambios, aprendizaje, éxitos y fracasos en su entorno.

Iniciar, iniciativa y creatividad

Podemos creer que este concepto es muy parecido a ser creativo o ingenioso.  Pero existen unas diferencias entre ambos.  La creatividad y el iniciar parten desde la curiosidad. Ese deseo de entender cómo funcionan las cosas o como funcionarían mejor.  La persona creativa se enfoca en idear y una vez logra conceptualizar, queda satisfecho. Pero el iniciador trabaja por poner en marcha la idea y no se detiene hasta verla materializada.

Iniciar es hacer algo que antes no existía o que pese a existir no se hacía. La iniciativa es un rasgo de la personalidad que impulsa a un individuo a comenzar algo que cree necesario. También se refiere a la capacidad de actuar, crear o tomar decisiones por uno mismo sin que otra persona te lo indique.

¿Pero, cómo se inicia algo? 

La iniciativa es una cualidad entrenable. Y la mejor forma de comenzar es eligiendo pequeños retos a nuestro alrededor.   Analizar que te gustaría que empiece a mutar en tu ambiente. Entonces emprende el proceso de idear esa cosa que se debe poner a andar.

Comienza haciendo cosas obvias y sencillas que nadie hace, pudiendo hacerlas. En la oficina se está terminando la tinta de imprimir. Pues, que tal si la ordenas antes que se termine y sin que te lo pidan.

Observa en tu entorno que cosas mejorarían si se les hiciera algún cambio.  Puedes analizar en tu hogar, en tu trabajo o incluso en las relaciones interpersonales.

Cinco consejos para aprender a iniciar

  1. No esperes por instrucciones o mapas para comenzar algo que sabes que debe hacerse.
  2. Piensa que puedes aprender nuevo para mejorar profesional o personalmente.
  3. Fluye con los cambios que se te presenten.  Busca la forma de adecuarte a ellos.
  4. No temas por fracasar.  Es una de las posibilidades que estarán intrínsecas en cada iniciativa.
  5. Conviértete en el promotor de tu idea.  No esperes a que nadie te elija a ti o a tu idea.

Lo que queremos lograr, es que con el tiempo, la costumbre de iniciar algo sea arraigada.  Y estemos alertas a cualquier oportunidad de cambiar, mejorar o inventar un proyecto.  

Es la mejor manera de mantenerte creciendo y fortaleciendo como ser humano.  El ritmo de vida fluctuará entre cambios, aprendizaje y resultados.

VIDEO: Seth Godin: How to get your ideas to spread | TED Talk

 Después de un fracaso, no hay descanso

Parte del Proceso de iniciar consiste en estar dispuesto a descubrir que lo que obtendrás es diferente de lo que esperabas conseguir.  Si no estás dispuesto a descubrir esa sorpresa, no me extraña que te de miedo empezar.

(Godin,2012, p. 80)

Iniciar proyectos tiene grandes posibilidades de éxito, pero también de fracaso.  Esto forma parte del proceso, y tenemos que normalizarlo. Cada fracaso trae consigo información valiosa para tu poder identificar cuáles son las variantes que afectaron y las que resultaron. Del estudio y análisis de un fracaso se pueden obtener ideas para mejorar el proyecto o incluso comenzar uno nuevo.

Si el fracaso surge desde todo tu esfuerzo y no hubo dejadez ni atajos de tu parte, no hay porque sentir vergüenza. Quizás no salió como esperabas, sino que te mostró diferentes maneras para llegar. Se vale tener miedo, pero no dejes que te paralice.

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Referencia bibliográfica

Godin, Seth (2012). ¡Hazlo!. Ediciones B, S.A. ISBN 978-84-666-4975-9.

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